Alma Editorial

Análisis Anecdotario Parte II: Protección desde el confinamiento

Análisis Anecdotario Parte II: Protección desde el confinamiento
julio 2020 Zulema Moreno
Categoría: Dinámicas Domésticas

Esta vez, en nuestra segunda entrega del Anecdotario, encontramos a mujeres y hombres con hijos menores de 12 años, casados o viviendo en pareja, de entre 31 a 46 años y que viven en México, Colombia, UK y Francia.


“Después de declarada la fase 3, con un negocio muy lastimado, y el ingreso familiar pendiendo de un hilo, salgo al jardín común de la privada en donde vivo y veo a mi hija jugar con otros niños con tapabocas todos ellos, pero totalmente adaptados y felices. El Covid no es el final” (Anónimo, 34 años, México)

Vemos como en su esfuerzo por mantener a salvo el nido en estos tiempos de incertidumbre y caos, estos hombres y mujeres de mediana edad se adaptan y resuelven rápidamente la sobrevivencia. Están inmersos en las actividades diarias y orientados a su organización y resolución en lo inmediato: trabajo, casa, comida, cuidado de los hijos, homeschooling, etc. Parecieran malabaristas, manteniendo el constante equilibrio, al mismo tiempo que tienen poco espacio para la reflexión y los cuestionamientos, pues están más enfocados en actuar.

A su ya ajetreada vida, se han sumado demandas y pareciera que el ritmo se intensifica, marcando cambios evidentes durante el confinamiento. Los espacios al interior de la casa se han desdibujado por completo, los límites se pierden, las áreas son reasignadas y compartidas, lo cual puede generar cierta sensación de invasión. Lo personal, lo familiar y lo laboral se funden para transformarse en una sola cosa bajo el mismo techo.

Esto ha traído como consecuencia, la pérdida o concesión de espacios que pertenecían a las amas de casa, la mujer ha cedido territorio dentro del hogar y ha surgido una reestructuración que implica una nueva resignificación tanto de espacios como de actividades. Lo que antes era prioritariamente empleado por las mujeres, ahora también es apropiado por los hombres –poco habituados a pasar tiempo y ocupar esos sitios- para que tengan la oportunidad de explorar nuevas habilidades. Esto ha sucedido con la cocina y con las compras principalmente.

“El confinamiento al hogar ha cambiado mi manera de intervenir el espacio diario. Mi pequeño espacio de oficina también fue invadido. Mi trabajo en casa se ha alterado con la cuarentena, además de mis nervios”. (Deisy, 38 años, México)

“La mejor cosa que me ha pasado en esa cuarentena es que mi esposo ha descubierto un gusto por la cocina y está experimentado con cosas que yo jamás tengo la energía para preparar” (Katri, 41 años, México)

Pareciera que, durante la cuarentena la división de roles y tareas del hogar tiende a tomar una forma más equitativa entre hombres y mujeres, surgiendo nuevas dinámicas en cuanto a limpieza, preparación de alimentos, cuidado de los hijos y relación de pareja.

“Compartimos todo como podemos, intercambiamos días de trabajo con días con los chicos. A quien le toca estar con los chicos siempre termina más agotado que el otro” (Katri, 41 años, México)

Pero, también es cierto que a través de los relatos se aprecia claramente cómo se ha intensificado la carga mental, emocional e incluso física de las mujeres. En las narrativas, la constante sigue siendo la necesidad de conciliar la vida laboral, con las demandas en el cuidado de los hijos y el hogar, lo cuál implica un mayor desgaste, estrés y tensiones debido a la alta exigencia y obligación de rendimiento. Muchas han tenido que resolver trabajando a deshoras -muy temprano o muy noche- para no retrasarse.

“Las jornadas que empiezan a las cuatro de la mañana y terminan a las once de la noche hacen que mis músculos pierdan totalmente la capacidad de moverse y mi espíritu pierda las ganas de obligarlos”. (Paula, 40 años, Colombia)

“¿En qué puto momento se supone que voy a poder ver un enlace cultural increíble? ¿Cuándo estoy sentada en el excusado y hay una niña pegando a la puerta y gritando? ¿Cuándo estoy frente la compu a las 11 de la noche intentando alcanzar el trabajo que no logré en el día por las interrupciones cada 3 minutos?”. (Katri, 41 años, México)

“Mi hijo gritando `mamá´, yo trabajando en la computadora y la comida en la estufa… a veces me siento una súper mamá y otras más, la peor del mundo”. (Anónimo, 31 años, México)

El rol de muchas mujeres se ha diversificado aún más, ahora también fungen como maestras y animadoras de sus hijos para evitar el aburrimiento. Esto además de estresarlas, les quita tiempo para ellas mismas, para desconectar y hacer lo que les gustaría.

Es así como las madres nuevamente, recurren a estrategias para hacer frente a la crisis. Procuran mantener el ánimo, apelan a su capacidad para superar las circunstancias presentes.

“Tuvimos que sacar del clóset nuestros viejos talentos, agarrar los ahorros debajo del colchón y tener mucha fe en la resiliencia que nos caracteriza, como mexicanos, viajeros y artistas”. (Deisy, 38 años, México)

Hay quienes canalizan la presión inventando maneras de transformar el tedio de la monotonía.

“Tiene que ser un día diferente o moriremos de aburrición, y nadie debe morir de aburrición, sería demasiado desagradecido”. (Karolina, 37 años, Colombia)

Mantienen su integridad emocional a través de lazos socioafectivos por medio de las alternativas tecnológicas.

“Nunca pensé que el tercer año de vida de mi hija iba a ser celebrado por videollamada”. (Gloria, 39 años, Colombia)

Por su parte, la narrativa de los padres da cuenta de que las preocupaciones durante la pandemia giran mayormente en torno a la economía y a la estabilidad en el futuro, y al igual que las madres, también deben mediar entre lo laboral, la atención a los hijos y las necesidades del hogar. Refuerzan su rol protector y salen a flote las cualidades de fortaleza y entereza frente a la crisis. La postura pragmática se hace presente e intentan mirar hacia adelante, no hay más.

“Identificas y concientizas que tú, y solo tú puedes y DEBES hacer lo que hay que hacer, reconoces, rescatas y como decía mi abuela, `Sacas la casta´. `Hay lo que hay´ (dicho de otra gran mujer que forma parte de mi vida) y accionas “. (David, 45 años, México)

No obstante, el confinamiento es una buena oportunidad para tener más tiempo de vida familiar con los hijos, lo cuál les llena de satisfacción y motivación.

“Esta experiencia ha hecho que las actividades familiares sean más cercanas. He aprovechado este tiempo para enseñarle a cocinar a mis hijas y para hablar más con ellas”. (Mauricio, 40 años, UK)

Los relatos recibidos nos hablan de una admirable labor como madres y padres, pero además dejan sobre la mesa temas latentes que se han agudizado con el confinamiento. Es preciso, cuestionarnos sobre la permanencia de los cambios que se han suscitado y observar las transformaciones que se deriven. Cuando salgamos nuevamente a la calle para hacer nuestra vida en el ámbito público ¿Mantendremos la equidad? ¿La carga de las madres se aligerará? ¿Los hombres continuarán cocinando y haciendo la compra? ¿Se logrará, al fin, la tan anhelada conciliación trabajo-casa? ¿La alta exigencia sobre el desempeño parental seguirá sosteniéndose? ¿Permanecerá el nuevo orden de espacio y distribución de tareas al interior del hogar?. Quizá, en la variación que comienza a gestarse aún hay mucho más por trabajar, sin embargo, ha dejado una semilla que debería dar frutos muy pronto.

Más allá del Anecdotario Alma de Casa

Durante los meses de abril y mayo de 2020, Alma de Casa realizó una convocatoria para crear un anecdotario sobre las experiencias vividas durante la pandemia por Coronavirus.

A partir del análisis de las narraciones, la psicóloga social Zulema Moreno identificó tres segmentos que destacan por su fiel reflejo de las distintas formas de sentir, actuar y reaccionar ante la pandemia. Porque sin lugar a dudas, no es lo mismo atravesar la cuarentena solo, que con hijos o mientras se trabaja desde casa. Nadie estaba preparado para esto y cada uno reacciona como puede desde sus circunstancias. Es muy pronto para sacar conclusiones sobre lo que estamos viviendo -nada es concluyente ni permanente y eso es algo que hemos aprendido de esta experiencia-, sin embargo, a partir de las distintas anécdotas tenemos la oportunidad de reflexionar, cuestionarnos, identificarnos y plantearnos qué vendrá después.

Zulema Moreno es mexicana y se dedica a desarrollar análisis cualitativos de factores sociales e investigación de mercados. Desde su propia cuarentena en Madrid –donde vive hace 3 años con su esposo y dos gatos- nos manda sus apuntes sobre la convocatoria del Anecdotario Alma de Casa. En diálogo con los testimonios y bajo una reflexión de los distintos pensares y sentires de quienes, desde la intimidad del confinamiento nos regalaron emotivas anécdotas de mujeres y hombres “Almas de casa” de entre 24 y 73 años, provenientes de México, Colombia, Chile, Argentina, Brasil, UK, España y Francia.

Gracias a Zule por su tiempo y experiencia, por compartir sus inquietudes, temores y certezas, su propia intuición para mirar al mundo que empieza a salir nuevamente. También agradecemos a las 38 anécdotas que nos llegaron por abrir las ventanas de la escritura y ponernos a pensar nuevamente el cotidiano desde lo doméstico, lo privado como algo que nos pasa a todos en casa.