Alma Editorial

Análisis Anecdotario Parte III: Reflexiones de cuarentena

Análisis Anecdotario Parte III: Reflexiones de cuarentena
julio 2020 Zulema Moreno
Categoría: Dinámicas Domésticas

En esta tercera y última entrega, encontramos a hombres y mujeres solteros o casados sin hijos, de entre 24 a 50 años. Viven solos, en pareja, con roomies, con alguno de sus padres o con su mascota. Habitantes de México, Colombia, Chile, Argentina, Brasil y España.


“Mi cuerpo y mi mente agradecen este periodo de encierro obligatorio, aunque no deja de preocuparme el futuro que nos tocará vivir y reinventar”. (Anónimo, 34 años, México)

En esta tercera y última entrega, encontramos a hombres y mujeres solteros o casados sin hijos, de entre 24 a 50 años. Viven solos, en pareja, con roomies, con alguno de sus padres o con su mascota. Habitantes de México, Colombia, Chile, Argentina, Brasil y España.

Aunque tienen responsabilidades laborales, la ausencia de hijos les otorga mayor tiempo para ellos mismos, lo que puede considerarse “un privilegio” y les da otra perspectiva al atravesar la pandemia.

Están llenos de preguntas y el confinamiento se ha convertido es un espacio para la creación, reflexión y cuestionamiento, sobre todo en lo referente al orden establecido institucional y estructuralmente en la pareja, la familia, la sexualidad, el trabajo, el gobierno, etc.

“¿Se han preguntado si los estudiantes estaban preparados para la vida académica en remoto? y menos preparados los profesores y ni que decir de los padres de familia: estoy seguro de que esta sensación de incertidumbre ante este nuevo modelo no es de mi exclusividad, pero nos espera un largo camino para aprender”. (Andrés, 38 años, Chile)

“¿Seremos capaces de volver a salir con normalidad a la calle cuando todo esto pase? … creo que se nos olvidará pronto esta película serie B que estamos viviendo y volveremos a nuestras rutinas de siempre. Mejores o peores, pero las nuestras”. (Elena, 48 años, España)

El incipiente esquema de teletrabajo genera situaciones atípicas, la vorágine laboral no cesa para la actividad remunerada desde casa.

“Las horas laborales ya no tienen un comienzo y un final definido o asociado a la entrada y salida de la oficina, sino que se mezcla con las actividades cotidianas, empieza en cualquier momento de la mañana y termina muchas veces tarde en la noche, en ese afán de cumplir con todos los ‘objetivos’ propuestos”. (Andrés, 38 años, Chile)

Desde las narrativas femeninas, se aprecian tácticas para sobrellevar el confinamiento, un deseo por aprovechar un periodo de pausa que, aunque obligado, brinda una oportunidad para el aprendizaje, la introspección e intentar crear nuevas versiones de un “yo”.

El encierro en casa da un respiro que permite seguir adelante. Momentos de calma y silencio para poner los pensamientos en orden.

“Siento que me estoy dando la oportunidad de pensar más en mi bienestar intentando comer saludable, invirtiendo el tiempo en actividades que me nutren y me dan satisfacción personal y profesional”. (Catalina, 40 años, Argentina)

Para algunas, el acto de cocinar ha sido un refugio en medio de la vicisitud.

“Lentejas, fríjol bola roja, cargamanto, zaragoza, arveja verde seca, garbanzos, aromatizados con perejil y cilantro, adobados con cebolla, ajo, tomate, pimienta, paprika, comino y orégano acompañan mis días en cuarentena, dan consuelo a mi alma y calman mi apetito”. (María Natalia, 40 años, Colombia)

Las rutinas han cambiado en tiempos de pandemia, hay una necesidad de control y orden al interior de la casa para contrarrestar el caos que prevalece afuera que incorpora nuevas medidas de limpieza y precaución. Reducir el riesgo de contagio tratando de consumir menos y aprovechar al máximo para evitar salir al supermercado.

“Nos movemos poco, y a veces casi que ni respiramos, por momentos siento que estamos tratando de no existir para no desordenar la casa” (María Natalia, 40 años, Colombia)

“Intento que todo dure mucho para no tener que exponernos yendo por más, de pronto cuidar la pasta de dientes se volvió una forma de cuidar a nuestros padres”. (Mon, 33 años, México)

Quienes viven en pareja están aprendiendo a crear nuevas dinámicas y formas de convivencia, además de ceder y negociar bajo un escenario inusual. Surgen nuevas maneras de aludir a espontaneidad, de transformar el momento de confinamiento para pasar del hastío a situaciones que habiliten el entretenimiento, la diversión y la alegría, aunque sea por un momento.

“En cuestión de minutos él y yo hicimos la fiesta que tanto estábamos esperando, nuestros cuerpos pedían baile, diversión, cambio y así no más, nos dejamos llevar y tuvimos nuestra propia fiesta”. (Juanita, 31 años, Bogotá)

En lo sexual, el confinamiento concede nuevas formas de exploración desde lo virtual.

“Siento que he experimentado relaciones sexuales virtuales en diferentes niveles, desde el discurso sobre los recuerdos vividos con otra persona, hasta la narración de las fantasías a realizar, físicamente o nuevamente medidas por la virtualidad”. (Guillermina, 32 años, Brasil)

A nivel emocional, las tensiones se presentan debido a los cambios, a la preocupación por el futuro y su falta de certeza, a la presencia de miedo y enojo ante la situación, así como a la injusticia; surge la confrontación con la soledad del aislamiento.

“Me siento sola y muy desesperada por la falta de convivencia con las demás personas. Por ver las calles tan vacías, el no poder salir a sentarme a tomar un café en cualquier lugar”. (Brenda, 40 años, México)

En las narraciones masculinas, se observa una valoración del espacio y tiempo personal. A igual que las mujeres, el confinamiento es una coyuntura para ser conscientes sobre su posición y reflexionar en torno a ello.

“Esta época me ha hecho ver mi privilegio y agradecerlo. Tener comida, salud, agua, electricidad, trabajo, internet, mi novia, mi gato, un balcón para salir, la vista a la montaña”. (Rafa, 43 años, Colombia)

Hay quienes ven en el “exceso de tiempo” una oportunidad para producir y crear más. Otros, buscan opciones que les brinden emoción y fracturen la monotonía.

“Cabe resaltar que, al no contar con citas, interrupciones, salidas, eventos. Mi producción se ha incrementado notablemente”. (Anónimo, 38 años, Colombia)

“En bicicleta rompo la lentitud del día, corto el aire, sacudo mi balance. Y vuelvo al búnker compartido agitado, emocionado, feliz. La velocidad es una gran sensación, cuando todo tiende a permanecer tan quieto”. (Anónimo, 38 años, México)

Quienes tienen la oportunidad, sacan máximo provecho al espacio dónde viven, utilizando espacios que antes no eran considerados, pero que hoy son una opción para huir de la convivencia con otras personas, paradójicamente, pues cohabitar se ha vuelto también una forma de supervivencia en medio de la pandemia. Ventanas y balcones sirven como escape a los días interminables y cíclicos, es momento de valorar el aire libre y la posibilidad de sol ante el silencio y la quietud que imperan y que constatan que algo ha cambiado.

“La vista es inigualable pues el edificio está ubicado enfrente de una plaza con árboles, jardineras, bancas, andadores para la gente y las bicicletas, y hasta un quiosco… Desde hace cinco semanas la plaza está vacía. Hoy ese ventanal ha dejado de ser la parte favorita de mi casa”. (Carlos, 45 años, México)

Existe una sensación de peligro fuera de casa. La incertidumbre presente señala el camino que aún queda por recorrer. Surge melancolía por el pasado que ahora parece tan lejano, dónde el virus no amenazaba cada uno de sus actos.

“Oh sí, aquellos días en los que las únicas incineraciones eran las de innumerables porros que horneaban el lugar y ese momento en el que se escuchaba el grito de guerra: “Burn and Turn, baby”!”. (Anónimo, 50 años, México)

Y, sin embargo, para algunos la rutina parece no haber cambiado mucho con el confinamiento, pues el trabajo en casa y en soledad era algo habitual.

“Este aislamiento ha hecho más evidente lo aislado que he vivido en los últimos años. Tan aislado que todo esto me parece natural y cotidiano”. (Rafa, 43 años, Colombia)

Este segmento, que desde la concesión de la pausa tiene una posición más crítica, nos abre el espacio para cuestionarnos sobre sí realmente la sacudida que nos ha dado la pandemia nos inducirá a un cambio real y duradero más allá del discurso. Cuándo recobremos más libertad y salgamos nuevamente a la calle ¿Habremos cambiado en algo? ¿Aprenderemos a convivir con la otredad? ¿Seremos conscientes del impacto de nuestro ritmo acelerado? ¿Bajaremos la velocidad para auto observarnos? ¿Cambiaremos nuestra forma de consumo? ¿Seguirá la higiene y limpieza excesiva? ¿Se considerará la decisión de maternidad / paternidad después de la pandemia? ¿Valoraremos las pequeñas cosas? ¿Cocinar nos seguirá dando consuelo? ¿El mundo virtual nos seguirá sosteniendo?. Demasiadas preguntas que con la desescalada, poco a poco irán teniendo respuesta.


Más allá del Anecdotario Alma de Casa

Durante los meses de abril y mayo de 2020, Alma de Casa realizó una convocatoria para crear un anecdotario sobre las experiencias vividas durante la pandemia por Coronavirus.

A partir del análisis de las narraciones, la psicóloga social Zulema Moreno identificó tres segmentos que destacan por su fiel reflejo de las distintas formas de sentir, actuar y reaccionar ante la pandemia. Porque sin lugar a dudas, no es lo mismo atravesar la cuarentena solo, que con hijos o mientras se trabaja desde casa. Nadie estaba preparado para esto y cada uno reacciona como puede desde sus circunstancias. Es muy pronto para sacar conclusiones sobre lo que estamos viviendo -nada es concluyente ni permanente y eso es algo que hemos aprendido de esta experiencia-, sin embargo, a partir de las distintas anécdotas tenemos la oportunidad de reflexionar, cuestionarnos, identificarnos y plantearnos qué vendrá después.

Zulema Moreno es mexicana y se dedica a desarrollar análisis cualitativos de factores sociales e investigación de mercados. Desde su propia cuarentena en Madrid –donde vive hace 3 años con su esposo y dos gatos- nos manda sus apuntes sobre la convocatoria del Anecdotario Alma de Casa. En diálogo con los testimonios y bajo una reflexión de los distintos pensares y sentires de quienes, desde la intimidad del confinamiento nos regalaron emotivas anécdotas de mujeres y hombres “Almas de casa” de entre 24 y 73 años, provenientes de México, Colombia, Chile, Argentina, Brasil, UK, España y Francia.

Gracias a Zule por su tiempo y experiencia, por compartir sus inquietudes, temores y certezas, su propia intuición para mirar al mundo que empieza a salir nuevamente. También agradecemos a las 38 anécdotas que nos llegaron por abrir las ventanas de la escritura y ponernos a pensar nuevamente el cotidiano desde lo doméstico, lo privado como algo que nos pasa a todos en casa.